Las redes sociales son una herramienta extraordinaria.
Permiten aprender, descubrir servicios, analizar mercados, conocer tendencias y acceder a información que antes era difícil de encontrar.
Pero también tienen un problema evidente:
la velocidad y el impacto pesan más que el rigor.
Y en materia inmobiliaria, esto no es una cuestión menor.
En las últimas semanas me he encontrado afirmaciones como estas:
- Que el pacto de arras que se utiliza “normalmente” en los contratos privados es el de arras confirmatorias.
- Que la subida de la renta del alquiler la decide el inquilino.
- Que si existe un contrato verbal de arrendamiento y se deja de pagar la renta, el alquiler desaparece y se convierte en precario.
- Que en la venta de una vivienda a través de inmobiliaria nunca puede cobrarse comisión al comprador.
Todas estas afirmaciones son, como mínimo, imprecisas. Y en algunos casos, directamente incorrectas.
El problema no es la opinión. Es la simplificación
El Derecho Inmobiliario no funciona a base de frases contundentes de 20 segundos.
Funciona a base de:
- Análisis del contrato concreto.
- Interpretación jurisprudencial.
- Normativa aplicable según la fecha y el territorio.
- Circunstancias específicas de cada operación.
Reducir cuestiones complejas a titulares llamativos genera desinformación y, lo que es peor, decisiones mal tomadas.
Cuando el error se convierte en conflicto
El problema no es que alguien publique contenido simplificado.
El problema es que:
- Un propietario toma decisiones contractuales basándose en un vídeo de 60 segundos.
- Un comprador firma unas arras sin entender qué tipo está pactando.
- Un arrendador cree que no puede actualizar la renta.
- Un inquilino piensa que dejar de pagar extingue el contrato.
Y entonces llega el conflicto.
Y el conflicto siempre es más caro que el asesoramiento previo.
Vivienda: demasiados intereses en juego para improvisar
La vivienda no es un tema menor:
- Es patrimonio.
- Es inversión.
- Es estabilidad familiar.
- Es riesgo económico.
Merece análisis, no titulares.
La búsqueda de “likes” no puede sustituir a la responsabilidad jurídica.
Conclusión
Informarse está bien.
Pero decidir sin asesoramiento, no.
En materia inmobiliaria, las medias verdades generan problemas completos.
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